Pura suerte.

Sobre las 8 de la tarde, el sol pintaba con un verde intenso el color de los prados. Ya, a unos 60 Kms de Santiago, no pude resistir mas y me desvié por el primer camino que encontré. Ahora podía disfrutar de esta intensa luz primaveral.

Acabamos llegando a la confluencia de dos arroyos y decidimos dormir esta noche escuchando el ruido del agua.

Caminamos hasta la siguiente parroquia, con el sol dándonos en los ojos…al llegar, saludamos a unos vecinos que charlaban en la calle, tranquilamente, y un perro se nos unió al paseo. A la vuelta, nos enteramos que el perro no tenia dueño…este nos adopto como amos, pero solo por un rato.

Anoche, cuando cenábamos en Tapia de Casariego, una vez mas, mirando al mar, me daba cuenta del uso que le estamos dando al espacio publico…no recuerdo aprovechar tanto la calle como en este viaje americano-español…es un lujo poder disfrutar del mar, de la montaña, de las mejores vistas cada vez que queremos. Esas comidas sentados en el prado, mirando el mar y tomando el sol, es el mayor lujo posible…ni siquiera en un buen restaurant, con muy buenas vistas, se disfruta tanto.

Y aprovechar el espacio publico para todos los aspectos del viaje, como el aseo….llegar a una playa, incluso con este tiempo medio fresco aun, y darte una ducha con jabón en la ducha que dentro de dos meses servirá para quitar la sal a los bañistas.

Refrescarte la cara, los pies, la cabeza, y lo que sea necesario, en un arrollo de aguas limpias…parar a dormir en el sitio que mas te guste, en la montaña o en la playa, en el centro de la ciudad o en pleno campo…tal vez sea la manera mas antigua de viajar, seguir un camino, comer donde ataca el hambre y dormir donde llegue el sueño.

En fin, creo que tenemos mucha suerte, por que muchas veces caemos en un pueblo de pura casualidad, y casi siempre acaba gustándonos lo que nos encontramos. Por que, para ser sinceros, la única guía que llevamos es un mapa de carreteras totalmente desactualizado. Eso y nuestro deseo de ver y conocer.

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